INSTITUCIONES INTERNACIONALES EN CRISIS EN UN MUNDO EN CRISIS
30 Octubre , 2007

Josep Xercavins; Coordinador Secretariado Foro Mundial de Redes de la Sociedad Civil — UBUNTU.
Que nuestro mundo está inmerso en una profunda crisis ya no lo pone en duda casi nadie con dos dedos de frente. Sólo citando algunas palabras se nos aparecen como evidentes muchos de sus aspectos: hambre, sed, mortalidad evitables…, pobrezas en general; cambio climático…, problemas medioambientales en general; Irak, Darfur…, guerras en general; fundamentalismos, terrorismos…, violencias en general; etc.
Que nuestras instituciones multilaterales internacionales (ONU, FMI, BM, OMC) estén en crisis no es tan evidente. Sobre todo, no está tan divulgado ni en ello hay tanto consenso como en lo anterior. Sin embargo, para mi es tan claro y casi tan importante. Tan claro porque, de lo contrario, no tendrían sentido: las instituciones humanas son siempre un reflejo de las sociedades humanas y, por lo tanto, sería una muy rara excepción que un mundo en tal crisis las dejara o las tuviera inermes. Tan importante porque, sin unas instituciones internacionales volcadas en la resolución de los grandes problemas que nos afectan, dicha solución se nos hace más difícil todavía.
Sin embargo, quisiera ahondar en esta crisis de las instituciones internacionales como metodología para la mejor comprensión de lo que está pasando actualmente en el plano internacional. Lo haré en base a hechos que acaban de suceder en estas instituciones y que, a mi entender, son altamente explicativos.
A principios de este mes de abril, Pascal Lamy convocaba en Ginebra unas audiencias con las ONGs que siguen los temas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y nos decía, casi textualmente, que las negociaciones de la denominada Ronda de Doha para la liberalización comercial en el mundo siguen estancadas. Después de casi 5 años de su lanzamiento, no se vislumbra un posible “desestancamiento”, por circunstancias que escapan a la longitud de estas líneas. El triángulo subsidios agrícolas en el norte – liberación de servicios en el sur – tarifas industriales en todo el mundo sigue en total y compleja confrontación. En definitiva, nadie quiere dar el siguiente paso en la “neo-liberalización de la economía mundial” ni nadie confía ya en ello como solución para nada. Además de la importancia que tiene por sí mismo tal hecho, se vislumbra así otra crisis: la de la actual estabilidad macroeconómica mundial. Crisis que podría ser muy importante aunque no inminente.
A mediados de este mes de abril ha tenido lugar, en Washington, la reunión de primavera de las Instituciones de Bretton Woods (el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial).
El Fondo Monetario Internacional es la organización que más explícitamente vive su crisis. Por un lado, muchos países de notable peso están saldando su deuda económica con la institución (y olvidándose de ella). Por otro lado, su credibilidad se encuentra en números rojos, pagando como está los más de 20 años durante los que ha sido el instrumento con que el club de los países más ricos y poderosos del mundo, el G7, impulsara y ejecutara las políticas neoliberales de ajuste estructural. De modo que el Fondo intenta ahora recuperarse, dando un poco de voz y un incremento —si cabe menor— de voto a los países en desarrollo. Ha aprobado un incremento de cuotas (y con ello, del voto correspondiente a las cuotas) a China, México, Corea del Sur y Turquía — lo cual sólo supone seguir asociando la distribución de poder del Fondo al peso económico de los países miembros. Toda propuesta más ambiciosa es rechazada, demostrando así la nula voluntad de cambiar nada substancial. Éste es el caso de la propuesta reclamada desde las organizaciones de la sociedad civil que más siguen los avatares de esta organización: la denominada “doble mayoría” (es decir, añadir un voto por país al actual sistema de votación proporcional según las cuotas de los estados miembros).
En el Banco Mundial (BM) la hipocresía se ha impuesto totalmente. Para dar ejemplo, a su presidente no se le ha ocurrido nada mejor que predicar exactamente lo contrario de lo que hace. Al añadir la “anticorrupción” como una condicionalidad más a cumplir por el país posible receptor de ayuda, no sólo conseguirá empeorar las condiciones de vida de la mayoría real de los habitantes de estos países sino que, con el dinero “ahorrado”, ha “enriquecido” corruptamente a su actual pareja sentimental. Todo el mundo excepto él espera su dimisión.
Finalmente, en este contexto tan poco alentador, se ha realizado la conocida como “Reunión de primavera” del ECOSOC de la ONU con las Instituciones de Bretton Woods y la OMC. El tema de la reunión de este año: “Coherencia, coordinación y cooperación en el seguimiento de los aspectos de Financiación para el Desarrollo”. Las directrices básicas que deciden y enmarcan el tema y los subtemas de la reunión vienen directamente del Secretario General de la ONU, Sr. Ban Ki-moon. Pero aquí el nuevo Secretario General tampoco es capaz de transmitir, como mínimo a nosotros, ningún atisbo de salida de este mar de crisis. Al contrario, de momento registramos un seguidismo absurdo de las frustradas —en su mayoría— agendas anteriores. Los subtemas de la reunión hablan prácticamente por sí solos: a) Realizando la Agenda de Doha para el Desarrollo: en el argot políticamente correcto, éste es el nombre que se da a la anteriormente citada Ronda de Doha para la Liberalización Comercial de la OMC; la cosa roza el surrealismo, ya que desde la ONU se pretende instrumentar mecanismos de “Ayuda al Comercio” para paliar los efectos de la Ronda que, de ser implementados, se prevén ya negativos para los países en desarrollo; b) “Buena Gobernanza”: sinónimo de la “anticorrupción” del Banco Mundial, en el argot políticamente correcto —huelgan más comentarios; y c) Voz y participación de los países en desarrollo en las Instituciones de Bretton Woods, donde ya hemos visto también de qué va este tema.
En lugar de esta agenda, el Secretario General de Naciones Unidas podía, y a mi entender debía, hacer caso a algunas de las recomendaciones del Panel de Alto Nivel sobre la Coherencia en todo el Sistema de Naciones Unidas. Quizás, en el contexto comentado en estas líneas, dedicar una atención especial a la siguiente recomendación: “como materia de urgencia el Secretario General de la ONU, el Presidente del Banco Mundial y el Director Ejecutivo del Fondo Monetario Internacional deben empezar un proceso de revisión, puesta al día y conclusión sobre los acuerdos formales sobre sus respectivos papeles y relaciones a los niveles globales y de los países.”
Aunque muy moderadamente, la melodía nos suena a nuestra cada vez más necesaria “Campaña Mundial para una profunda Reforma del Sistema de Instituciones Internacionales”. Porque, en contra de lo que dice el refrán, en tiempos de crisis sí hay que hacer mudanzas.